Cultura 3

EL SENADO Y EL PUEBLO ROMANO

3.1. La República y sus Instituciones 3.3. Política interior de Roma
3.2. Política exterior de Roma

3.1. La República y sus Institucionesindice

Es difícil dar una fecha exacta de la implantación de la República en Roma. Como hemos visto en la unidad anterior, la Monarquía era sentida por los romanos como una especie de tiranía y en el año 510 a. C. Tarquinio el Soberbio fue expulsado del trono. A partir de entonces el gobierno del rey recaerá en dos cónsules y se irán creando una serie de magistraturas o cargos públicos. Surge así una nueva forma de gobierno, en el que poder quedará repartido entre el senado, las nuevas magistraturas y las asambleas populares. Veamos cómo eran estas instituciones.

a) El Senado: Esta institución ya existía en tiempo de los reyes, pero sus competencias se incrementaron durante la etapa republicana. Sus componentes fueron al principio elegidos por los cónsules y su principal cometido era ocuparse de la política exterior de Roma.

b) Las Magistraturas: Eran cargos públicos encargados de desempeñar diferentes tareas políticas. Junto a los cónsules, máxima autoridad civil y militar, estaban los cuestores, que se ocupaban de los impuestos; los ediles se encargaban de la administración municipal y los pretores de la administración de la justicia. Además, los censores, que llevaban el censo de los ciudadanos y los tribunos de la plebe, que miraban por los derechos de las clases más bajas.

c) Las Asambleas: Eran órganos de representación del pueblo, aunque solo el de las clases más altas. En ellas los ciudadanos romanos podían ejercer directamente su derecho al voto, si bien no de forma individual, sino agrupados en estamentos sociales.

3.2. Política exterior de Romaindice

Si ya antes del siglo VI a. C. Roma desempeñaba un papel preponderante en la región del Lacio, la política de expansión militar que se llevó acabo durante la etapa republicana la convirtió en una gran potencia. Tras muchos años de conquistas y victorias, Roma sufrió en el año 387 a C. una dura derrota frente a los celtas, quienes llegaron a ocupar y saquear la ciudad. Sin embargo, Roma se rehizo y continuó con su política expansionista hacia el norte y hacia el sur de Italia, de manera que en el año 272 a. C. dominaba prácticamente toda Italia.

Entre los años 264 y 146 a.C. Roma llevó la guerra fuera de las fronteras de Italia, enfrentándose contra Cartago, la ciudad más poderosa del Mediterráneo, en las llamadas guerras púnicas.

La primera guerra púnica (264–241 a.C.) se desencadenó por la conquista de Mesina por parte de los romanos, quienes para derrotar a los cartagineses construyeron una gran flota. Tras su derrota, Cartago se vio obligada a ceder Sicilia y a pagar fuertes sumas a Roma como indemnización de guerra.

La segunda guerra púnica (218 – 201 a.C.) fue consecuencia de lo apurado de las condiciones a las que Roma había sometido a Cartago. El año 218 a. C. Aníbal partió con un gran ejército desde España y venciendo a los romanos en sucesivas batallas llegó hasta las mismas murallas de Roma. Todo hacía pensar que Roma claudicaría rápidamente, pero fue entonces cuando el general romano Publio Cornelio Escipión atacó por sorpresa Cartago, forzando a Aníbal a regresar precipitadamente a defender su ciudad. El general cartaginés fue derrotado en la batalla de Zama y Cartago perdió todas sus propiedades, viéndose obligada a pagar un tributo anual a Roma.

La tercera y última guerra púnica tuvo lugar entre los años 149 a 146 a. C y se saldó con la completa destrucción de Cartago y la venta de sus supervivientes como esclavos. El estado cartaginés desapareció para siempre y sus territorios fueron anexionados a Roma.

3.3. Política interior de Romaindice

La victoria contra Cartago llevó a Roma a convertirse en la principal potencia del mundo entonces conocido. Pero este aumento de poder trajo como consecuencia fuertes tensiones entre las diferentes capas sociales de la población. Los plebeyos, en su mayoría campesinos y artesanos, se quejaban de sus malas condiciones de vida e iniciaron una lucha para que se les otorgara más derechos. Los hermanos Tiberio y Cayo Graco intentaron llevar a cabo una reforma agraria que limitara el poder de los terratenientes y mejorara la situación de los pequeños agricultores. Ambos hermanos fueron asesinados y comenzó un período de gran inestabilidad política que derivó en una guerra civil.

En ese estado de cosas aparecieron en el panorama política dos personajes ideológicamente contrapuestos: Mario, que lideraba las fuerzas populistas, y Sila, que estaba al frente de los conservadores aristócratas. De esa contienda Sila salió vencedor, proclamándose a sí mismo dictador. Tras la muerte de Sila la situación política continuaba siendo inestable y se buscó una solución creando un triunvirato, un sistema de gobierno en el que el poder estaba compartido entre tres personas: César, Pompeyo y Craso. El intento fracasó y acabó con el enfrentamiento entre César y Pomepeyo. Ambos dilucidaron sus diferencias en el campo de batalla, saliendo César vencedor.

César intentó acometer medidas que aligerasen la situación, como la distribución de tierras y la repartición de trigo. Pero el Senado, desconfiando del poder que iba adquiriendo, decidió acabar con su vida y César fue asesinado el año 44 a.C.

Las luchas entre aristócratas y populares finalizaron con la creación de la figura del Emperador. El pueblo, cansado ya de tanto enfrentamiento, aceptó de buen grado que un único hombre asumiera todo el poder. Octavio Augusto fue nombrado emperador y con él acabarían las luchas entre aristócratas y populares, iniciándose una nueva etapa en la historia romana: el Imperio.