Cultura 4

EL PRINCIPADO

4.1. El Principado de Augusto. Las familias imperiales 4.4. Los Antoninos (98 al 192 d. C.)
4.2. La familia Julio-Claudia (30 a. C. al 68 d. C.) 4.5. Los Severos (193 al 235 d. C.)
4.3. Los Flavios (69 al 96 d. C.)

4.1. El Principado de Augusto. Las familias imperialesíndice

Con Octavio como emperador se instaura en el año 27 a. C. el imperio romano. En este tiempo se amplían las fronteras y el latín se convierte en la lengua de comunicación de pueblos muy diversos culturalmente. Octavio recibió el título de Augustus y Princeps y, al igual que César, su pretensión era gobernar en solitario. Sin embargo, no intentó conseguirlo con el establecimiento de una dictadura, sino que se aseguró el poder acaparando diferentes cargos políticos, a la vez que controlaba las provincias del Imperio mediante el establecimiento de destacamentos militares.

Así pues, tras los disturbios del final de la República comienza un período de tiempo de tranquilidad y prosperidad que se conoce como la pax augusta. Augusto reforzó las fronteras y logró una verdadera paz, si bien las luchas contra los pueblos situados en los límites del imperio siguieron produciéndose.

Si las grandes tensiones sociales se habían apaciguado, la elección del cargo de Emperador dio lugar a situaciones complicadas. En los siglos I y II d. C. fueron cuatro las dinastías en cuyos miembros recayó la responsabilidad de dirigir el Imperio:

  • - La dinastía Julio-Claudia (27 a.C. - 58 d.C.): Tiberio, Calígula, Claudio, Nerón.
  • - La dinastía Flavia (69-98 d.C.): Vespasiano, Tito, Domiciano.
  • - Los Antoninos (98-192 d.C.): Nerva, Trajano, Adriano, Antonino Pío, Marco Aurelio, Cómodo.
  • - Los Severos (193-235 d.C.): Septimio Severo, Caracalla, Geta, Heliogábalo, Alejandro Severo.

4.2. La familia Julio-Claudiaíndice

La dinastía Julio-Claudia se inicia con Tiberio, a quien Octavio había adoptado como hijo para que a su muerte le sucediera en el cargo. Con Tiberio la seguridad del nuevo orden parecía estar garantizada. Sin embargo, los siguientes emperadores (Calígula, Claudius y Nerón) no estuvieron a la altura de su responsabilidad. Si bien es cierto que la situación en la política exterior se vio libre de sobresaltos, interiormente hubo constantes excesos de los gobernantes.

4.3. Los Flaviosíndice

A la muerte de Nerón se disputaron el poder los generales Galba, Otón, Vitelio y Vespasiano. En este conflicto fue Vespasiano quien se impuso a los demás, inaugurando una nueva dinastía de emperadores conocida con el nombre de Flavios. Vespasiano fue un buen militar que supo sofocar las revueltas de Judea (70 a.C.) y la de los germanos. Le sucedió su hijo Tito que tuvo un reinado muy corto, en el que ocurrieron varias catástrofes (explosión del Vesubio, epidemia de peste). A su muerte ocupó el cargo su hermano Domiciano, quien supo llevar una administración eficiente. Sin embargo, sus relaciones con el Senado no fueron buenas. Hubo por ello muchas intrigas y fue asesinado.

4.4. Los Antoninosíndice

Tras el asesinato de Domiciano, el Senado se hizo cargo de la situación política y nombró emperador a Nerva, con el que se inicia la dinastía de los Antoninos. Le sucedió Trajano, nacido en Hispana, quien amplió las fronteras del Imperio. Su sucesor Adriano renunció a mayores expansiones, preocupándose en aumentar la eficacia de la administración y en mejorar las condiciones de vida de los esclavos. Durante su reinado se construyó la famosa muralla de protección que lleva su nombre en las fronteras con Britania. Su sucesor, Antonino Pío, continuó con una política defensiva, al contrario que Marco Aurelio, quien a pesar de su condición de filósofo llevó a cabo numerosas guerras. Tuvo un hijo, Commodo, de muy diferente personalidad a la de su padre. No se sabe bien si estaba en su sano juicio (se creía que era una reencarnación de Hércules). A partir de su mandato el Imperio Romano entra en una fase de declive.

4.5. Los Severosíndice

A la muerte de Cómodo (192 d. C.), la situación se hallaba al borde de la guerra civil. El gobierno del Imperio fue asignado a Septimio Severo, con el que se inicia una nueva dinastía de emperadores: Los Severos.

Septimio dio especial importancia al reforzamiento del ejército, logrando estabilizar la cáotica situación que heredó de su predecesor. Fue ésta la última época de relativa calma que se vivió en el Imperio, aunque no exenta de guerras sangrientas. Le sucedió su hijo Aurelio Antonino, apodado Caracalla, quien se ocupó exclusivamente de asuntos militares, no mostrando ningún interés ni capacidad para la política. A causa de la brutalidad de su actuación - llegó a matar a su hermano menor, Geta – se ganó muchos enemigos. Él mismo murió asesinado en un atentado urdido por sus soldados.

Se nombró sucesor a un supuesto hijo suyo, Heliogábalo, cuyo mandato fue un completo fracaso. Con una total falta de compromiso hacia las obligaciones propias de un emperador, fue también asesinado (222 d.C.). El trono quedó en manos de su sobrino Alejandro Severo, que sólo tenía 13 años de edad. En realidad, fue su madre la que llevó las riendas del poder. Ambos fueron asesinados, dando fin así a la dinastía de los Severos.